LA CREACIÓN DE CASTILLA (...y cataluña)
Dios es grande. Es también compasivo y se apiada de nuestras desgracias. Pero para nosotros estas cualidades son accesorias, ya que (afortunadamente) no formamos parte de la atrasada comunidad musulmana y nos mofamos sin recato de su profeta. Lo venimos haciendo sin ningún disimulo desde hace catorce siglos, muchísimo antes de que comenzaran a hacerlo mis admirados amigos daneses, a los que aprovecho para enviar un fuerte abrazo. Pero no nos distraigamos. Desde nuestra perspectiva teológica, el principal atributo de Dios no es su misericordia, sino su enorme poder, que no tiene principio ni fin, ni origen ni término. Dios es Todopoderoso y Creador del Cielo y de la Tierra. Pero cuando hubo culminado su tarea observó con inquietud que su obra era imperfecta. Y haciendo uso de sus facultades infinitas quiso completarla. Por eso creó CASTILLA. Y luego, concibió la LIBERTAD. La libertad es la herramienta que Dios puso en manos de los hombres de Castilla para que forjaran un destino idealista y romántico, que sirviera de ejemplo a otros pueblos. Desde su fundación, Castilla (que es España) es la tierra de los hombres honrados, liberales y prudentes, capaces de demostrar la mayor generosidad y valentía, hombres respetados y respetables, sufridos ante la adversidad, inquietos y juiciosos, independientes y reflexivos. Una raza fuerte y apasionada. Pero Dios es también caprichoso y burlón y ama la diferencia y la diversidad. Y de igual manera que creó al hombre y luego creó a la mujer y luego dotó de conocimientos a los cirujanos plásticos para que fuesen capaces de transformar a un hombre en una mujer (Pasqual Maragall), Dios no quiso que la obra de Castilla quedase sin el adecuado contraste. Y por ese motivo, creó a los CATALANES, contempló su pequeñez y esbozó una sonrisa de mordaz satisfacción. Desde entonces, la nación que se interpuso en el camino de los árabes, que trasmitió a Occidente toda la ciencia y la cultura de Oriente, que descubrió y dominó el Nuevo Mundo, que salvó a la cristiandad de la amenaza de los turcos, que ideó la bella infantería y que cultivó las artes como nadie, la nación que supo dar a los sentimientos del honor y de la lealtad su expresión más refinada y soberbia, tiene en el pueblo catalán (grotesco, flemático, materialista y llorón) el espejo que proyecta su inmensa grandeza.