viernes, septiembre 08, 2006

Yo también tuve un amigo catalán

¿Quién no tiene, o no ha tenido alguna vez, un amigo catalán? Desde Fisterra hasta Rosas, y de Ortegal a Palos, toda pandilla de amigos que se precie como tal ha contado con una persona fácilmente identificable por su pronunciación resonante de la letra "L", es decir, de UN catalán (también conocido con el artículo determinado EL catalán). En mi caso su nombre era Josep -Pepito para los colegas-, un tipo que realmente se hacía apreciar. Era el "Saben aquél que diu" hecho carne, la Cheerleader sin pompones, la mascota del grupo... Aún recuerdo aquellas comilonas a la orilla de la costa levantina con Rodri, de Madrid, vacilándole; Chema, de A Coruña, tomándole el pelo con trabalenguas en castellano y muchas eles; "El Bocas", de Málaga, ruborizándolo ante las chicas; y a mi, sencillamente, soltando estentóreas e irreprimibles carcajadas. Josep en aquellas situaciones reaccionaba con un órdago sobre la mesa: "Yo no voy a pagar" y no pagaba. Éramos como una minirepresentación de España donde todos nos burlábamos del catalán aunque le teníamos estima, y es que era nuestra forma socarrona y campechana de decirle "¡Vamos, espabila!". De aquello han pasado dos lustros, ya no nos reúnimos en costas valencianas para ver pasar el verano. Lo último que supimos de Josep es que se había afiliado a ERC (sí, a esos que tienen pinta de Gangster). Ahora sus labios flemáticos sólo aciertan a repetir una y otra vez soflamas nacionalistas (¿o debería decir preambulistas?) y no se atreve a salir de Cataluña. Una verdadera lástima.