martes, octubre 17, 2006

La frustación catalana

Con frecuencia, los seres humanos anhelan la consecución de objetivos tan ambiciosos que, tarde o temprano, se revelan inalcanzables. La privación del propósito soñado, el desengaño y la impotencia generan el estado de ánimo que conocemos como frustración. La psicología moderna ha considerado la frustración como un síntoma individual (cada persona tiene sus propios anhelos) y episódico (cuando un anhelo se frustra, tratamos de alcanzar otro). Muchos transexuales que leen esta web podrían ilustrarnos sobre sus deseos frustrados, pero hoy vamos a hablar de otro asunto: la frustración como patología social. Cuando las personas que forman una comunidad renuncian a su individualidad y la sustituyen por un ideal colectivo inalcanzable, la impotencia suele provocar la degeneración moral de toda la sociedad. Todos los sociólogos coinciden en que esto es, exactamente, lo que ocurrió en Alemania en los años 30-40 del pasado siglo y lo que está ocurriendo en Cataluña en la actualidad. No obstante, no pretendo ser alarmista. La energía y la vitalidad del pueblo alemán explican que su frustración provocara una tragedia. La flojedad y la negligencia de los catalanes justifican que la frustración se haya convertido en algo llamado Estatut.