La sociedad catalana
La ciencia antropológica define la sociedad como la agrupación organizada de seres humanos para la realización de uno o más intereses comunes. La sociedad es siempre una asociación voluntaria, lo que la distingue de otras agrupaciones involuntarias como las castas, las clases sociales y las comunidades de parentesco. Sin embargo, entre ciertos pueblos primitivos, como los indios iroqueses, los negros pigmeos y los catalanes actuales, la pertenencia a la sociedad no es completamente voluntaria. El mejor ejemplo lo tenemos en el pueblo catalán, que se autodefine, pretenciosamente, como “nación”. Todos los varones y mujeres que aspiran a ejercer el poder político en el grupo tribal catalán forman parte de una sociedad secreta en la que están excluidos rigurosamente los charnegos. La fraternidad tribal está dirigida por una casta de guardianes ancianos (Fornesa, Pujol, Brufau). La eficacia de esta sociedad secreta explica, por ejemplo, que ningún charnego pueda alcanzar el rango de jefe de la Generalitat.
El folclore catalán
Todos sabéis que la SARDANA es una de las principales manifestaciones folclóricas de Cataluña. Como me he impuesto la obligación de conseguir que vuestra formación sea multidisciplinar, exhaustiva, rigurosa y completa, en la lección de hoy os voy a aclarar los antecedentes de este conocido baile. Aunque parezca increíble, la Sardana tiene un origen militar. En la Baja Edad Media, los reyes aragoneses valoraban enormemente el ímpetu de los soldados reclutados en Valencia y Aragón. Su coraje contrastaba con la proverbial cobardía de las tropas catalanas. Cuando se trataba de defender las tierras de la Corona, la inercia de los catalanes los llevaba casi siempre a arrojar las armas y buscar refugio en las montañas. Corría el año de 1379. Hartos de padecer la actitud vergonzante de sus aliados, aragoneses y valencianos optaron por abandonar a los catalanes a su suerte. En la batalla de Sardanyola, viéndose cercadas y sin posibilidad de huir, a las tropas del principado se les ocurrió la brillante idea de obsequiar a los invasores musulmanes con un baile improvisado, esto es, la Sardana. Cuando la infantería sarracena contempló los ridículos movimientos de sus adversarios, se quedó atónita. Una vez superado el desconcierto inicial, el califa ordenó el ataque. Fueron decapitados catorce mil catalanes danzantes, sin ninguna misericordia, por tratarse de infieles.
Los catalanes y la religión
El papel de Dios en la sociedad catalana se ha convertido en uno de los principales temas de debate de la antropología moderna. Los catalanes han contribuido, como ningún otro pueblo, a desvirtuar el primitivo concepto filosófico de la Divinidad. Desde hace siglos, el catalán viene demostrando su incapacidad ante las cuestiones teológicas. ¿Concibe alguien a un poeta místico catalán? ¿Y un tratado de teología escrito en catalán? Sólo imaginarlo provoca hilaridad. Durante la Edad Media, Cataluña sufrió una crisis religiosa única en Europa: el conflicto abierto entre las órdenes mendicantes reformadas, de origen italiano, y el gnosticismo autóctono. Triunfó lo autóctono. Curiosamente, los herederos de los templarios catalanes son hoy los protagonistas de la vida política, social y religiosa de esta comunidad y presumen de mantener intacta su vocación sodomita. Durante la edad moderna, la instrumentalización de la religión en Cataluña fue brutal. Así lo expresa Carles Soler en su tésis doctoral: “El payés sólo se encomendaba al Altísimo en primavera, cuando el invasor castellano abusaba de su mujer. Obviamente, como la identidad ideológica entre Dios y Castilla era mucho mayor, la violación terminaba consumándose. Esto explica que catalanes actuales hayamos heredado la indolencia, la amoralidad y el apellido del pariente catalán y el material genético del ancestro castellano”.